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Para algunos es muy difícil creer en el inconsciente

¿Cómo creer en la existencia del inconsciente si no se puede ver? ¿Y para qué nos sirve buscar lo inconsciente, algo que ni tengo en mente, ni está en el pensamiento?

Desde que oí hablar del psicoanálisis, allá por los doce años, experimenté el deseo de realizar un psicoanálisis personal. El hecho de que hubiera un inconsciente, que algo condicionara nuestra vida sin que tengamos conciencia de ello, atrajo mi curiosidad hasta tal punto que ha dirigido el curso de mi vida.

Quería saber sobre eso que llamaban inconsciente y sobre el psiquismo en general. Esto me condujo hasta la carrera de psicología. Después, mi deseo de saber más me llevó a París, donde tomé contacto con el psicoanálisis de orientación lacaniana y ahí encontré una explicación compleja y satisfactoria del psiquismo humano, así como unas técnicas terapéuticas tan llenas de humanidad como de lógica, alumbradas por una agudeza teórica rigurosa y guiadas por una ética clínica particularmente exigente.

A veces se oye decir que el estudio de la psicología empieza por uno mismo. Nunca mejor dicho en el campo del psicoanálisis donde para poder ejercer hay que pasar primeramente por un psicoanálisis personal. En los libros, en la universidad y en los másteres se pueden aprender muchas cosas, desde luego, mucha teoría, pero nada como hacer un psicoanálisis personal para captar de qué estamos hechos los humanos, para asombrarse de la maleabilidad de las formas sintomáticas, de hasta dónde puede arrastrarte la palabra, para quedarte perpleja al comprobar que una escucha afilada como es la del psicoanalista tenga el poder de cambiarte, que ese uso particular del habla que hace el psicoanálisis tenga la capacidad de movilizar psiquismos.

Creo que el psicoanálisis no se entiende hasta que uno lo ha probado. Para algunos es muy difícil creer en el inconsciente. Lo niegan. Y es lógico porque ¿cómo van a creer en una algo que no está en la conciencia, que no pueden pensar? Sin embargo, el inconsciente se manifiesta continuamente a través de los síntomas, de los sueños, de los olvidos, los actos fallidos, los chistes, se ve reflejado en los mitos que acompañan a una cultura, en las leyendas, en las producciones religiosas, en el arte, la antropología, los ritos, etc.

Bueno, algunos buenos observadores sí que lo perciben, personas con capacidades especiales, como pueden ser los artistas, los poetas. Algunos literatos, filósofos y científicos sí que lo ven espontáneamente. De ahí que sus obras tengan éxito. Cuando el arte toca bien el inconsciente del espectador suele triunfar. Pero ha de decir lo inconsciente de manera muy camuflada, para que el espectador no salga huyendo; como ocurre con los sueños, que dicen las cosas de manera disfrazada y cuando no es así el sueño se convierte en una pesadilla. Una obra de arte es comparable con un  sueño. Un sueño es en sí mismo una obra de arte.

Pero es en la experiencia de un psicoanálisis donde mejor se capta el inconsciente. Desde luego no es leyendo libros, porque el psicoanálisis no es una experiencia intelectual. Más bien es una experiencia lingüística, social. Es hablando y escuchando, en un encuentro con otra persona, como se acaricia el inconsciente. Ello salta, brota inevitablemente. Los deseos  inconscientes se expresan continuamente. Lo que ocurre es que en la convivencia social, la escucha de nuestros amigos o familiares no hace caso de estas cosas, las obvia, no le dan importancia. El psicoanalista sí. Escucha esto cuando salta. Lo toca. Y ello produce sorpresas en el analizante. A veces despierta la angustia, a veces el rechazo, a veces la grata aceptación, a veces el alivio, depende. Hay personas que no quieren saber nada de su inconsciente porque ello destroza la imagen que tienen de sí mismos. Porque en el inconsciente todos somos distintos de lo que nuestro narcisismo nos acostumbra a ver en el espejo del cuarto de baño, y es diferente de lo que solemos mostrar a los demás, del personaje que necesitamos interpretar en la obra de teatro que es la vida. Y tienen razón: que nada nos saque del guión que es el raíl por el que conducimos. Salirse de ahí es delicado.

Sin embargo mucha gente sufre en el guión que le ha tocado leer. Tiene que fabricarse síntomas para poder adaptarse a él. No acaban de sentirse a gusto con el personaje que les ha tocado interpretar. Un sujeto puede tener otras verdades en su interior y la obra de teatro en la que están inmersos no se lo permite decir. A veces uno necesita decir cosas diferentes a las que están en el guión, en el destino. A veces se necesita cambiar de obra de teatro para ser feliz, o por lo menos dejar de ser infeliz. Se necesita tener a otros personajes enfrente para poder hablar de verdad. Se necesita destruir la farsa en la que se vive, o al menos hacer unos retoques en el guión, o quizás perfilar el personaje.

Para eso sirve el psicoanálisis para vivir de verdad, sin tener que fabricarse molestos síntomas para adaptarse al medio.

 

 

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