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Diferencia entre duelo y depresión

Aunque los síntomas puedan ser similares en ambos casos, al contrario que el sujeto que atraviesa un duelo y es consciente de su pérdida, el deprimido desconoce las causas de su malestar. 

¿Qué diferencia hay entre un duelo y una depresión?

Hablamos de duelo cuando sabemos qué hemos perdido. Uno está al corriente de la pérdida real que ha experimentado, es consciente de ello, es capaz de encontrar significado a su tristeza, de construir una falta vivible.

El deprimido desconoce por qué se encuentra triste y sin apetencias, dice no saber lo qué le pasa ni por qué no tiene ganas de vivir. Simplemente la vida carece de sentido. No encuentra una razón lógica para su estado. Puede llegar a afirmar que carece de razón alguna para sentirse como se siente. Experimenta los mismos síntomas del duelo, a veces incluso más intensos e indisolubles por el tiempo.

A veces lo intenta achacar a acontecimientos vividos pero acompaña su sospecha de incredulidad y acaba matizando que dichas vivencias no son lo suficientemente significativas como para explicar su estado.

Algunas experiencias pueden ser detonantes de sentimientos de tristeza y/o de culpabilidad y que vayan creciendo en el tiempo y, aunque el sujeto no los considere lo suficientemente intensos o significativos como para explicar su estado, sí tengan la capacidad de despertar asociaciones con otros significados inconscientes más demostrativos del estado depresivo.

O, por ejemplo, puede asociar su estado con algo que ocurrió hace muchísimo tiempo, manifestándose escéptico para juzgarlo causante del estado presente. Como por ejemplo pueda ser la temprana pérdida de la madre en la infancia.

Lo que sí que es cierto es que si el duelo no fue bien trabajado en su día, es susceptible de “resucitar” en cuanto una escena o una palabra lo toque.

Por tanto, la depresión suele ser aparentemente sin causa, pero solo aparentemente. Siempre hay una razón para los sentimientos, pero no siempre se es consciente de ella. En realidad las causas profundas de los sentimientos son inconscientes siempre; según el grado de profundidad o de verdad que busquemos, claro, porque hay grados y grados y actitudes y posiciones y defensas diferentes en la búsqueda de cualquier causa. Además una verdad nos lleva a otra y esta a otra y, al final, la verdad última se nos escapa siempre. Decimos por eso que es inconsciente.

En el caso de una depresión clínica la causa no es consciente. Sí que hay una pérdida pero ésta no se encuentra ubicada en la parte consciente de nuestra conciencia. El deprimido no sabe qué ha perdido, ni cuándo, sólo experimenta el dolor de la misma.

El paciente depresivo, sin embargo, intuye que hay algo más aunque no disponga de palabras para hablarlo. Se siente por tanto indefenso y sin capacidad para salir del sufrimiento.

No necesariamente va a solicitar ayuda; ni social, ni profesional; sino que a menudo prefiere permanecer postrado dándole vueltas a sus cavilaciones interiores.

 

¿Por qué es inconsciente?

Porque está reprimido. Esto quiere decir que algo fue vivido, algo pasó por la consciencia, y fue relegado inmediatamente al olvido, al estado inconsciente. ¿Por qué? Porque era imposible de soportar. Porque fueron demasiado fuertes las defensas puestas para no enfrentarse a la angustia o al dolor de la pérdida. El sujeto prefirió reprimir, algunas cosas. Quizás en su interior negó con todas su fuerzas esa pérdida, o construyó una historia imaginaria al lado, o esa figura perdida significaba otras cosas reprimidas a su vez, con lo cual nunca pudo saber exactamente qué es lo que perdía en realidad.

 

El tiempo no lo cura todo

Otra característica que diferencia la depresión del duelo es que los síntomas no se disipan con el tiempo. Pueden pasar años sin que el sujeto cese de torturarse. Al carecer en su consciencia del material con el que tiene que hacer el trabajo de elaboración el sujeto no puede hacer el duelo, ni, por lo tanto, terminarlo.

Se puede prolongar durante años, como si estuviera atascado en un duelo que no progresa hacia ningún lado, viviéndolo en continuidad, con un profundo dolor. A veces puede experimentar periodos de alivio, altibajos, pero sin que se acabe de ir del todo. Puede instalarse a largo plazo o incluso para siempre si no son tratadas.

Aquí sí que va a necesitar, al contrario que en el duelo, de ayuda profesional.

 

¿Qué síntomas manifiesta la depresión?

Adopta infinitas formas clínicas diferentes que van desde el sentimiento de tristeza y la apatía hasta las afecciones somáticas (en el cuerpo), pasando por el aburrimiento, la rabia, agresividad (a menudo reprimida), desesperación, sentimiento de inutilidad, inhibición, cansancio, abatimiento, auto-reproches, mal humor, antipatía por los demás y por el mundo, ansiedad, angustia, impotencia, ansiedad, insomnio, disfunciones sexuales, demasiadas ganas de dormir para no tener que vivir.…

Los individuos deprimidos pueden desarrollar todo tipo de estrategias para escapar de su sufrimiento como las adicciones, cambios de vida compulsivos, negación de la realidad, huida, entradas en estados de falsa euforia, hiperactividad, compulsiones… A menudo se va a un psicólogo por alguna de estas razones sin saber que estos síntomas son encubridores de una depresión.

La manifestación más recurrente de la depresión es la falta de deseo. Aunque a veces encontramos formas de deseo como el  deseo de nada en la anorexia o el deseo de muerte como en la melancolía.

También pueden ocurrir cosas curiosas como por ejemplo que en el seno de una familia, la depresión manifiesta de uno de los miembros esconda una depresión encubierta, o el duelo mal elaborado, de algún otro miembro de la familia. A veces, los síntomas de los niños son el reflejo de una depresión en la madre o en el padre.

A menudo está asociada a la angustia, al miedo de vivir.

Cabe destacar el sentimiento de culpa, la coexistencia de sentimientos de amor y de hostilidad a la vez,  los auto-reproches, el odio a sí mismo. La depresión ataca a menudo a personas moralmente exigentes, con fuertes juicios morales sobre sí mismos. Podría decirse incluso que cuanto más buena es una persona más fácil es que se deprima por no permitirse sentir odio. Odio, por ejemplo, hacia la persona fallecida por haberla abandonado. Entonces lo que hace es reprimir este odio y lo vuelve contra sí mismo, para no atacar a la persona amada y a la vez para castigarse a sí mismo por haber experimentado hostilidad hacia el objeto de amor perdido, por haberle privado de amor. La depresión sería una suerte de autocastigo, un daño a sí mismo, una penitencia.

También suele darse en personas muy dependientes de la aprobación de los demás y que necesitan manifestaciones de cariño frecuentes.

El afecto depresivo puede entrar en un círculo vicioso ya que los deprimidos suelen experimentar el rechazo de las personas que están a su alrededor o un comportamiento de evitación ya que a veces su trato es difícil y la sociedad no suele ser tolerante (y menos la nuestra, caracterizada por un afán de apariencia de felicidad y bienestar), o no sabe qué hacer al respecto, por lo que un buen colchón familiar o social puede ayudar a salir de la depresión más rápidamente o a que no sea tan intensa.

 

¿En qué consistiría el tratamiento?

Para resolver el malestar depresivo y que su desaparición perdure en el tiempo es necesario llevar a cabo un tratamiento psicoterapéutico en el que se toquen los aspectos inconscientes para poderlos elaborar adecuadamente liberando al sujeto de la carga que lo domina.

La experiencia ha demostrado que es poco frecuente que una depresión se cure sin la ayuda de un tratamiento especializado.

 

 ¿Hay que tomar medicación?

En aquellos casos en los que el sujeto se sienta tan incapacitado para la vida que no pueda trabajar, ocuparse de sus hijos o atender sus responsabilidades quizás la medicación sea una buena medida temporal, pero solo hasta que el sujeto se sienta con fuerzas y se estabilice un mínimo.

También es necesaria cuando hay impulsos o ideación suicidas.

No hay que olvidar que las medicinas sólo procuran un alivio sintomático, no deben ser contempladas nunca como un tratamiento ya que no ofrecen una solución a largo plazo. Los medicamentos no curan la depresión.

Según la O.M.S. (Organización Mundial de la Salud): «Los antidepresivos pueden ser eficaces en la depresión moderada a grave, pero no son el tratamiento de elección en los casos leves, y no se deben utilizar para tratar la depresión en niños ni como tratamiento de primera línea en adolescentes, en los que hay que utilizarlos con cautela».

Hay depresiones que no responden a tratamientos farmacológicos, hay personas que dicen no experimentar ningún alivio con la medicación antidepresiva.

La medicación la prescribe siempre un médico (psiquiatra), nunca los psicólogos.

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Comentarios (2)

  • A veces es muy difícil distinguir si «el deprimido» necesita ayuda o si saldrá por sí mismo, esperando que el tiempo lo cure todo. Es verdad que el tiempo hace cicatrizar las heridas, aunque estas pueden cicatrizar de tal modo que con el tiempo se vuelva a abrir la herida. Nadie es adivino, ni la ciencia, para saber cómo va a evolucionar un sujeto. Lo más importante es escuchar a estas personas, escucharlas mucho, sin diagnosticarlas ni decirles que tengan «un problema», y luego ya se verá por dónde se meten hablando y qué caminos tomar para su «cura».

    También es cierto que el uso de la palabra tiene un poder curativo, casi tanto como el del tiempo.

  • Muy interesante artículo y sobre todo por su lenguaje accesible no deja de ser completo.
    El tema es cuando el deprimido no cree tener un problema. O cómo es una especialidad la psicología, el médico clínico cree que «el tiempo cura todo» y lo deriva.

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